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San Enrique y Santa Teresa

Los colegios teresianos deben su razón de ser a San Enrique de Ossó, fundador de la Compañía de Santa Teresa de Jesús. Enrique de Ossó nació el 16 de octubre de 1840 en Vinebre (Tarragona) y murió en Gilet (Valencia) el 27 de enero de 1896.

Desde muy joven manifestó su vocación de maestro. Fue ordenado sacerdote en Tortosa. Ya en los primeros años desarrolló una intensa actividad apostólica como catequista, promovió las escuelas dominicales y fundó diferentes asociaciones, entre ellas la Asociación de Jóvenes Católicas Hijas de María Inmaculada y Santa Teresa de Jesús, en 1873, y el Rebañito del Niño Jesús, en 1876.

Así descubrió la importancia de la educación de niños, adolescentes, jóvenes y, especialmente, de la mujer, de la que destacó su relevancia en la transformación de la sociedad.

El descubrimiento personal de la vida y la obra de Teresa de Jesús, la santa de Ávila del siglo XVI, consolidó su vocación educadora y se convirtió en el sello carismático de su despliegue apostólico. Todas sus obras tendrán la misma finalidad:

Conocer y amar a Jesús y hacerlo conocer y amar al estilo de Teresa de Jesús.

Por este motivo, en todos los centros teresianos se celebran especialmente las fiestas de San Enrique de Ossó y de Santa Teresa de Jesús.